Las ontologías actúan como el “ADN” de los sistemas de IA, ya que definen las relaciones, las jerarquías y las reglas semánticas que transforman los datos sin procesar en conocimientos contextualizados. Al contar con este cimiento, la IA puede razonar de manera lógica, resolviendo ambigüedades y deduciendo conexiones. Asimismo, le permite desenvolverse en entornos complejos al establecer relaciones entre múltiples niveles de información en ámbitos como las cadenas de suministro o los ecosistemas financieros, facilitando consultas precisas y respuestas bien fundamentadas.

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